Lo que sucedió a los cuervos con los búhos

 

Cuento XIX – El conde Lucanor

Lo que sucedió a los cuervos con los búhos

El Conde Lucanor estaba preocupado porque un pariente de su enemigo, resentido por haber sido maltratado, quería unirse a él para vengarse. El conde pensaba que podría serle útil, pues conocía muy bien a su enemigo, pero antes de decidir pidió consejo a Patronio, su fiel consejero.

Patronio le respondió con calma: “Señor, tenga cuidado. Ese hombre no viene a ayudarle, sino a engañarlo. Para que lo entienda mejor, le contaré lo que pasó entre los cuervos y los búhos”.



Los cuervos y los búhos estaban en guerra. Los búhos, que vuelan de noche y se esconden de día, atacaban a los cuervos cuando dormían y les causaban mucho daño. Entonces, un cuervo ideó un plan: se arrancó las plumas y fingió estar herido. Así se presentó ante los búhos diciendo que estaba cansado de la guerra y que quería ayudarlos contra los cuervos, revelándoles secretos y estrategias.




Los búhos lo recibieron con alegría y le confiaron sus planes. Solo un búho viejo y sabio sospechó del engaño y se apartó. Los demás, sin escuchar la advertencia, siguieron confiando en el cuervo. Cuando sus plumas crecieron de nuevo, el cuervo regresó con los suyos y les contó todo lo que había aprendido. Los cuervos atacaron a los búhos de día, cuando no podían defenderse, y los derrotaron por completo.

Patronio concluyó: “Así como los búhos fueron engañados por un enemigo disfrazado de aliado, también usted podría ser traicionado por ese pariente. No lo acepte en su compañía ni le muestre sus planes. Solo si actúa desde fuera, sin conocer sus secretos, y demuestra con hechos que realmente daña a su antiguo señor, entonces podrá confiar en él, pero siempre con cautela”.

El Conde Lucanor siguió el consejo y le fue muy bien. Don Juan Manuel, al escribir este cuento, lo resumió en unos versos que dicen:

Al que antes tu enemigo solía ser

ni en nada ni nunca le debes creer.

El falso alquimista

El rey y el falso alquimista
Versión breve del Cuento XX de El Conde Lucanor

Un hombre pobre, pero muy astuto, deseaba enriquecerse. Supo que un rey ingenuo estaba obsesionado con la alquimia, la supuesta ciencia de convertir materiales en oro. Entonces, el hombre creó unas bolitas con fragmentos de oro y otros ingredientes, y las vendió diciendo que servían para hacer oro. Las llamó “tabardíe”.


El rumor llegó al rey, quien lo mandó llamar. El hombre fingió humildad, pero aceptó hacer una demostración. Frente al rey, fundió los ingredientes y obtuvo una pequeña cantidad de oro. El rey quedó fascinado y quiso aprender a hacerlo él mismo.

El hombre le advirtió que si faltaba algún ingrediente, especialmente el tabardíe, no funcionaría. Luego se marchó.

El rey intentó repetir el proceso y funcionó… hasta que quiso producir más oro y no encontró tabardíe. Llamó al hombre, quien dijo que podía conseguirlo en su país, pero que necesitaba mucho dinero para el viaje.

El rey le entregó una gran suma. El hombre desapareció para siempre. Solo dejó una nota:  
“El tabardíe no existe. Te he engañado. Si yo pudiera hacer oro, ya sería rico. Debiste pedirme pruebas antes de confiar.”

Tiempo después, unos jóvenes hicieron listas de personas ingenuas y colocaron al rey en primer lugar. Él se molestó, pero ellos le explicaron:  
“Entregaste tu dinero a un desconocido sin pruebas. Eso fue imprudente.”

Enseñanza final:
No se debe arriesgar el patrimonio por promesas sin fundamento. Antes de confiar en alguien, es necesario exigir pruebas claras de lo que afirma.

Verso final:
Jamás arriesgues tu riqueza  
por consejo de quien vive en pobreza.

Por quien no agradece tus favores, no abandones nunca tus labores

 Cuento XXX –

 El conde Lucanor

LO QUE LE SUCEDIÓ A UN REY CON SU ESPOSA CAPRICHOSA

Juan Manuel


Un día, el conde Lucanor conversaba con Patronio, su consejero, de esta manera:
—Patronio, observa lo que me ocurre con un hombre: a menudo me solicita ayuda y apoyo económico; aunque, cada vez que lo hago, me muestra agradecimiento, cuando vuelve a pedir, si no queda satisfecho con lo que le doy, se molesta, se muestra descontento y parece haber olvidado todos los favores que le he hecho anteriormente. Conociendo vuestra sabiduría, te ruego que me aconsejes sobre cómo debo comportarme con él.





—Señor conde Lucanor —dijo Patronio—, me parece que te sucede con este hombre lo que le ocurrió al rey Abe de Sevilla con Roma, su esposa.
El conde le preguntó qué había sucedido.

—Señor conde —dijo Patronio—, el rey Abe estaba casado con Roma y la amaba más que a nadie en el mundo. Ella era muy buena, y los musulmanes aún la recuerdan por sus palabras y acciones ejemplares; pero tenía un defecto, y es que a veces era antojadiza y caprichosa.

»Sucedió que un día, estando en Córdoba en el mes de febrero, cayó una nevada y, cuando Roma vio la nieve, se puso a llorar. El rey le preguntó por qué lloraba, y ella le contestó que era porque nunca la dejaba ir a lugares donde nevara. 

El rey, para complacerla, pues Córdoba es una tierra cálida y allí no suele nevar, mandó plantar almendros en toda la sierra de Córdoba, para que, al florecer en febrero, pareciesen cubiertos de nieve y la reina viera cumplido su petición.

»Y otra vez, estando Roma en sus habitaciones, que daban al río, vio a una mujer que, descalza en la orilla, removía el barro para hacer adobes. Y cuando la reina la vio, comenzó a llorar. El rey le preguntó el motivo de su llanto, y ella le contestó que nunca podía hacer lo que quería, ni siquiera lo que aquella humilde mujer. 

El rey, para complacerla, mandó llenar de agua de rosas un gran lago que hay en Córdoba; luego ordenó que lo vaciaran de tierra y lo llenaran de azúcar, canela, espliego, clavo, almizcle, ámbar y algalia, y de cuantas especias desprenden buenos olores. 

Por último, mandó arrancar la paja, con la que hacen los adobes, y plantar allí caña de azúcar. Cuando el lago estuvo lleno de estas cosas y el barro era lo que podéis imaginar, el rey le dijo a su esposa que se descalzara y que pisara aquel barro e hiciera con él cuantos adobes deseara.

»Otra vez, porque se le antojó una cosa, Roma comenzó a llorar. El rey le preguntó por qué lloraba y ella le contestó que cómo no iba a llorar si él nunca hacía nada por complacerla. 

El buen rey, viendo que ella no apreciaba tantas cosas como había hecho por complacerla y no sabiendo qué más podía hacer, le dijo en árabe estas palabras: «Wa la mahar aten?»; que quiere decir: «¿Ni siquiera el día del barro?»; para darle a entender que, si se había olvidado de tantos caprichos en los que él la había complacido, debía recordar siempre el barro que él había mandado preparar para contentarla.

»Y así a vos, señor conde, si ese hombre olvida y no agradece todo lo que por él habéis hecho, simplemente porque no lo hicisteis como él quisiera, os aconsejo que no hagáis nada por él que os perjudique. Y también os aconsejo que, si alguien hiciese por vos algo que os favorezca, pero después no hace todo lo que vos quisierais, no por eso olvidéis el bien que os ha hecho.



Al conde le pareció este un buen consejo, lo siguió y le fue muy bien.
Y viendo don Juan que esta era una buena historia, la mandó poner en este libro e hizo los versos, que dicen así:

Por quien no agradece tus favores,
no abandones nunca tus labores.

FIN

Cuento V – El conde Lucanor (Versión Modernizada)

 Cuento V – El conde Lucanor (Versión Modernizada)
Juan Manuel

Lo que le pasó a un zorro con una gallina que tenía un elote en el pico

Un día, el Conde Lucanor hablaba con Patronio, su consejero, y le dijo:
—Patronio, una persona que dice ser mi amiga empezó a halagarme mucho, dándome a entender que soy muy talentoso y que tengo muchas cualidades. 
Después de tantos halagos, me propuso un negocio que, a primera vista, parece muy bueno.

Entonces, el conde le contó a Patronio el trato que su "amiga" le ofrecía. Aunque parecía interesante, Patronio se dio cuenta de que querían engañar al conde con palabras bonitas. Por eso le dijo:

—Señor Conde Lucanor, debes saber que esa persona te quiere engañar, haciéndote creer con adulaciones, que tu poder y tu posición son más grandes de lo que realmente son. Para que evites ese engaño, me gustaría que conocieras lo que le sucedió a una gallina con un zorro.
Y el conde le preguntó qué había pasado.

—Señor Conde Lucanor —dijo Patronio—, una gallina encontró un día un delicioso y tierno elote y se subió a un árbol para comérselo tranquila, sin que nadie la molestara. 

Estando así la gallina, pasó por debajo del árbol un zorro. Cuando vio el elote, empezó a pensar cómo quitárselo. Entonces, le dijo:


»—Doña Gallina, desde hace mucho tiempo he oído hablar de usted, de su belleza y elegancia. La he buscado por todas partes, pero no había tenido la suerte de encontrarla. Ahora que la veo, pienso que es aún más hermosa de lo que me habían dicho. Y para que vea que no la estoy halagando, no solo le diré sus cualidades, sino también lo que algunas envidiosas dicen de usted

Comentan que, como sus plumas son de colores tan llamativos, usted es muy presumida. ¡Pero se equivocan! Sus plumas son como un arcoíris, llenas de vida y alegría. Y su cresta roja es como una corona, que la distingue como la reina del corral. 

Además, sus patas son fuertes y ágiles, y su canto es el más melodioso de todos. También quiero decirle que cuando camina con tanta gracia que parece una modelo desfilando

Creo que Dios, que todo lo hace bien, no permitiría que usted, tan perfecta en todo, no pudiera cacarear mejor que las demás gallinas. Como Dios me ha dado la dicha de verla y he comprobado que es más bella de lo que dicen, me encantaría escuchar su canto.

»Señor Conde Lucanor, aunque el zorro quería engañar a la gallina, siempre le dijo verdades a medias. Ten cuidado, porque una verdad a medias puede causar muchos problemas.

»Cuando la gallina escuchó tantos halagos del zorro, se empezó a poner nerviosa y ruborizada; y como era verdad a medias lo que le decía, pensó que no la estaba engañando y terminó por creerse todo. No sospechó nunca que lo hacía para quitarle el elote. 

Halagada y convencida por las palabras, abrió el pico para "cacarear hermoso" y complacer al zorro. Al abrir la boca, el elote cayó al suelo. El zorro lo agarró y se escapó con él

Así fue engañada la gallina por las adulaciones de su falso admirador, que le hizo creer que era más hermosa y perfecta de lo que realmente era.

»Así que, señor Conde Lucanor, aunque Dios te ha dado muchas cosas buenas, esa persona te quiere convencer de que tu talento y tu posición son mucho mayores de lo que son en realidad. Cree que lo hace para engañarte. Por lo tanto, debes estar prevenida y actuar con diligencia y mesura.

Al conde le gustó mucho lo que Patronio le dijo y siguió su consejo. Gracias a él, evitó que la engañaran.
Y como don Juan pensó que este cuento era bueno, lo mandó escribir en este libro e hizo estos versos, que resumen la moraleja:

Quien te adula de más y sin razón,
algo te quiere quitar, ¡precaución!

FIN

1. Según Patronio, si una persona te halaga mucho por tu talento y cualidades antes de proponerte un negocio, ¿qué intención oculta debes sospechar inmediatamente?

2. El zorro utilizó "verdades a medias" para ganarse la confianza de la gallina. ¿Por qué esta táctica hace que la víctima (como la gallina) piense que el adulador es su amigo y no sospeche del engaño?

3. ¿Cuál fue la consecuencia directa para la gallina al ser convencida por las alabanzas y al abrir su pico para complacer y demostrar su canto?

4. El adulador quiere hacer creer a su víctima que su posición o talento son "mucho mayores de lo que son en realidad". ¿Qué riesgo conlleva ser convencido de ser "más hermosa y perfecta de lo que realmente era"?

5. De acuerdo con los versos que resumen la moraleja, si alguien te adula "de más y sin razón", ¿qué acción se recomienda tomar y qué se debe asumir que esa persona intenta lograr?

6. Patronio aconsejó al Conde Lucanor "estar prevenida y actuar con diligencia y mesura". ¿Qué pasos prácticos puede tomar una joven para "actuar con inteligencia" cuando se enfrenta a halagos excesivos que buscan proponerle algo?

Cuento XVII – El conde Lucanor (Versión Modernizada)

 Cuento XVII – El conde Lucanor (Versión Modernizada)

Juan Manuel
Lo que le pasó a un señor al que invitaron a comer
Una vez más, el Conde Lucanor conversaba con Patronio, su consejero, y le comentó:
—Patronio, ha venido un señor y me ha dicho que hará algo muy beneficioso para mí. Pero, al escuchar su propuesta, sentí que era tan poco sincera que preferiría que no la aceptara. Por un lado, me interesaría mucho hacer lo que me sugiere, pero tengo dudas porque creo que me lo ofreció solo por compromiso. Como tienes tan buen juicio, te pido que me digas qué te parece que debo hacer en este caso.
—Señor Conde Lucanor —respondió Patronio—, para que tomes la mejor decisión, me gustaría que conocieras lo que le sucedió a un hombre al que invitaron a comer.
El conde le pidió que le contara la historia.


—Señor Conde Lucanor —comenzó Patronio—, había un hombre honesto que había sido muy rico, pero lo había perdido todo. Le daba mucha vergüenza pedir ayuda a sus amigos para poder comer, así que muchas veces pasaba hambre y necesidades. Un día, estaba muy preocupado porque no tenía nada para comer y pasó por la casa de un conocido que estaba comiendo. Cuando su amigo lo vio pasar, le dijo por cortesía si quería comer con él. El hombre honesto, con mucha necesidad, le dijo después de lavarse las manos:
»—Con mucho gusto, amigo mío, porque tanto me has insistido en que coma contigo que sería muy descortés rechazar tu amable invitación.
»Dicho esto, se sentó a comer, satisfizo su hambre y se sintió mucho mejor. Tiempo después, Dios lo ayudó y lo sacó de la miseria en la que vivía.
»Así que, señor Conde Lucanor, si crees que lo que ese hombre te ofrece es muy bueno para ti, haz como si aceptaras con gusto, sin pensar que lo hace solo por compromiso. No esperes a que te insista mucho, porque podría ser que no te repitiera su oferta y entonces sería humillante para ti pedirle lo que ahora te ofrece.
El conde lo entendió bien y pensó que era un buen consejo. Siguió el consejo y le fue de gran provecho.
Y viendo don Juan que el cuento era muy útil, lo mandó escribir en este libro e hizo estos versos:
Si una oportunidad buena se te presenta,
no te hagas del rogar, ¡aprovéchala al momento!

FIN

Cuento XIII – El conde Lucanor (Versión Modernizada)

 Cuento XIII – El conde Lucanor (Versión Modernizada)

Juan Manuel
Lo que le pasó a un señor que cazaba aves
El Conde Lucanor, una vez más, platicaba con Patronio, su consejero, y le comentó:
—Patronio, algunos señores importantes, y otros no tanto, a veces causan problemas en mis tierras o a mi gente. Pero cuando nos vemos, se disculpan diciendo que lo hicieron porque no tenían otra opción, que lo lamentan mucho y que no pudieron evitarlo. Me gustaría saber qué debo hacer en estas situaciones, así que te pido tu opinión sobre este asunto.
—Señor Conde Lucanor —respondió Patronio—, lo que me cuentas se parece mucho a lo que le sucedió a un hombre que cazaba aves.
El conde le pidió que le contara la historia.
—Señor conde —comenzó Patronio—, había un hombre que puso sus redes para atrapar aves. Cuando ya había atrapado bastantes, el cazador regresó a la red donde estaban sus presas. Conforme las iba sacando, las mataba. Mientras hacía esto, el viento le daba directamente en los ojos, haciéndolo llorar. Al ver esto, una de las aves que estaba atrapada en la red les dijo a sus compañeras:
»—¡Miren, amigas, lo que le pasa a este hombre! ¡Aunque nos está matando, vean cómo siente nuestra muerte y por eso llora!
»Pero otra ave que estaba volando cerca, que por ser más experimentada no había caído en la red, le respondió:
»—Amiga, agradezco a Dios por haberme salvado de la red y ahora le pido que nos salve a todas mis amigas y a mí de un hombre que busca nuestra muerte, aunque con lágrimas nos haga creer que lo siente mucho.
»Así que, señor Conde Lucanor, siempre aléjate de quien te hace daño, aunque te diga que lo siente mucho. Pero si alguien te perjudica sin buscar tu deshonra, y el daño no es muy grave, y se trata de alguien a quien le tienes aprecio y que lo hizo por necesidad, te aconsejo que no le des tanta importancia, aunque debes procurar que no se repita seguido para que no dañe tu buen nombre o tus intereses. Pero si te perjudica a propósito, aléjate de esa persona para que tus bienes y tu reputación no sufran.
El conde se dio cuenta de que este era un buen consejo de Patronio, lo siguió y todo le salió bien.
Y viendo don Juan que el cuento era bueno, lo mandó escribir en este libro e hizo estos versos:
A quien te haga mal, aunque diga que no quería,
busca la forma de alejarlo de tu vida.

FIN

Ceremonia 20 Nov 2025



  Presentación en Homenaje al Profr. Jesús Mastache Román  


  Introducción:  


     Presentador 1:   "Distinguidos maestros, alumnos, familiares y amigos, es un honor para nosotros celebrar la vida y el legado del Profr. Jesús Mastache Román, cuyo nombre lleva con orgullo esta institución."

      Presentador 2:   "Hoy, recordaremos su trayectoria y sus valiosas contribuciones a la educación y a nuestra comunidad. Acompáñennos en este homenaje."


  Desarrollo:  


      Persona 1:   "El distinguido Profr. Jesús Mastache Román. Nació en Iguala, Guerrero, el 27 de febrero de 1905. Fue profesor, escritor y pedagogo. Desde muy joven, tomó la valiente decisión de dejar su entorno conocido para enfrentar los desafíos de un mundo nuevo."

      Persona 2:   "Su primera formación la recibió en su propio pueblo, pero pronto buscó nuevos caminos, impulsado por su inquietud y por la dura realidad de la injusticia social que se vivía en la época después de la Revolución Mexicana, en uno de los estados más afectados del país. Obtuvo su bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria, fue maestro normalista en la Escuela Nacional de Maestros, generación Lauro Aguirre de 1930, y realizó un posgrado en la Escuela Normal Superior en 1939."

      Persona 1:   "Sus libros son una valiosa aportación literaria que establece principios fundamentales para la educación en nuestro país. Buscó cambiar los vicios del sistema, promoviendo en los estudiantes la conciencia de los valores y principios universales."

      Persona 2:   "A principios de los años 60, en su madurez como escritor, enfatizó: ‘La finalidad de la educación no debe buscarse en el conocimiento ni en la información, sino en la autorrealización, en la plenitud vital, social y cultural’."


  Cierre:  


      Presentador 1:   "Con estas palabras, el Profr. Jesús Mastache Román nos invita a reflexionar sobre el verdadero propósito de la educación."

      Presentador 2:   "Que su legado inspire a las nuevas generaciones a buscar la plenitud en todos los aspectos de la vida. Agradecemos su atención."




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